Algo que sobre todo en este año de pandemia empieza a
incomodarme (y preocuparme) es el aumento de la tendencia a comparar Perú con
otros países, sobre todo de Europa, y en casi todos los casos hacerlo para
establecer diferencias negativas: “Deberíamos tener eso,” “La gente de allí es mejor,”
“Su política es mejor,” etc. como si sus modos de vida y de hacer las cosas
fuesen algo a lo que todos debiéramos aspirar para que nuestros problemas se
solucionasen.
Sobre lo que no se reflexiona, sin embargo, es que, en la
mayoría de los casos, estos países que ahora son considerados exitosos (en
términos políticos, sociales, económicos) piensan en las realidades existentes
en su sociedad y buscan solucionar los problemas que incumben a esa sociedad. En
Latinoamérica, por nuestra histórica relación de dependencia e influencia del
autodenominado primer mundo del cual copiamos varios ideales, pareciéramos estériles
de ideas respecto a nuestros propios proyectos como país que puedan ser capaces
de mirar hacia dentro, crisis que se ha agravado en estas épocas. Como expresa Jorge Núñeza, director de Posgrado de la Universidad de La Habana: “La crisis de
los paradigmas, el agotamiento de los modelos de desarrollo practicados en la
Región y el empuje neoliberal, determinaron que en los 80's se produjera una
suerte de ‘contrarrevolución en la teoría del desarrollo’ que significó no sólo
la falta de voluntad política real para encauzar programas alternativos a
las recetas neoliberales, sino también cierta inacción del pensamiento que
debía construir los enfoques que sirvieran de fundamento a verdaderas
estrategias de desarrollo”.

Espero no ser malentendida (no digo que lo que viene de
afuera debe rechazarse). Lo que trato de
decir es que, en la medida que pensemos en nuestra sociedad desde dentro,
quiénes somos, qué problemas tenemos, qué recursos y cuáles son nuestras aspiraciones,
podremos planear un proyecto de país aterrizado que al mismo tiempo negocie con
las circunstancias del mundo actual y globalizado. En ese sentido, necesitamos
un real y mayor interés por conocer nuestra realidad y así impactar de manera
más certera en ella. Un interés descargado de prejuicios y sentimientos de
inferioridad, que valore la historia, la identidad y aprecie lo hasta el momento
logrado, mucho o poco. Mirar tanto hacia afuera sin detenernos al menos por curiosidad
a analizar nuestra realidad no nos deja avanzar. ¿Realmente copiar o imitar lo
que otros hacen es la solución? Un ejemplo pequeño y sencillo de lo que trato
de decir, a propósito de la pandemia es que, ante la amenaza de ésta se
procedió a decretar inmediatamente en el Perú una larga cuarentena (tal cual
habían hecho la mayoría de los países de Europa)… sin nociones de cómo
respondería el público local y sin un estado de la cuestión previo (información
que desde un inicio pudo sacarse de especialistas sociales). Las condiciones físicas,
geográficas, económicas y los perfiles psicosociales fueron desestimados en la ecuación,
dando origen a más problemas (Perú es actualmente considerado el país con mayor
cantidad de contagios en la región) que pudieron preveerse analizando los
cuellos de botella, o al menos tomarse en cuenta. Una gran parte de la opinión
pública le echó directamente la culpa a la masa de ciudadanos: “Somos
irresponsables”, “Los peruanos somos los peores,” etc sin mayores análisis. ¿Realmente
todos pueden quedarse en sus casas? Mi larga experiencia como investigadora de
mercado de pronto recordó los hogares pequeños y hacinados, en algunos casos hasta
sin refrigerador, que alguna vez había visitado, así como las zonas marginales de
Lima y provincias llenas de problemas de violencia doméstica, en donde salir
muchas veces es el único escape. Pensé también en la sociable idiosincrasia
latina, el carácter particular de cada una de las regiones (un arequipeño jamás
reaccionará como un limeño) y en la inminente escasez de recursos que se avecinaba
y que afectaría a los más pobres. No, no condeno a nadie.

El conocimiento acerca de las necesidades, deseos y realidades
de las personas no es algo que solo deba importar a las ONGs, encargados de proyectos
de desarrollo o empresas de consumo masivo, si no a todo aquel con proyectos que
pretendan impactar, de algún modo, en su sociedad. Sobre todo al Estado, como
capitán al mando de este barco llamado país que parece desestimar (intencionalmente
o no) esta variable importante. Y si el Estado no lo hace, al menos hacerlo
nosotros, desde la posición que ocupemos. La investigación, de la mano de la
reflexión, son necesarias para todo proyecto que se piense emprender, a pequeña
o gran escala. Estoy convencida de que en mirar hacia nosotros y empezar a crear para
nosotros hay más oportunidades no solo de desarrollo, si no también de mejora
de estrategia y autoestima.
Saludos y hasta la próxima entrada ;).
MC
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