¿Por qué les cuesta tanto innovar a las empresas grandes?

Ya he hablado en un artículo anterior sobre el tema del ecosistema que es necesario para promover la innovación, como base. Digamos que si la tierra no está “abonada” es difícil que emerjan iniciativas capaces de escalar y ser sostenibles (no digo que sea imposible, pero sí será más difícil). Ahora, también hay otras cuestiones que es necesario señalar y, en lo que concierne a empresas grandes ya establecidas y con años en el mercado, éste es un poco mi balance de la situación.

En los últimos años pre-pandemia ya había mucha presión por innovar en las grandes empresas que se hacía cada vez más evidente. Se recuerda y se tiene presente con horror, casos como el de Kodak y Blockbuster en los que, negarse a ello, les implicó perder toda su cuota de mercado debido a ideas superiores que revolucionaron el mercado y las dejaron, finalmente, obsoletas.

Kodak y Blockbuster tienen algo en común, más allá del hecho de haber perdido la oportunidad de ser pioneros en grandes ideas como la comercialización de las cámaras digitales o las plataformas de paga en TV: el no querer sacrificar su estructura base. Pasar de vender cámaras análogas y rollos de películas a cámaras digitales o alquilar cintas de VHS a desarrollar software requieren de áreas y procesos distintos, con especialidades distintas (algo que va más allá de mesas ágiles). Y eso, sin hablar del mindset, que da para otro post. El punto es que, cambios tan radicales involucran grandes riesgos, grandes dolores, sin la certeza de que al final del camino se vean resultados.

Esto le da una gran ventaja a las startups, abocadas a las innovaciones disruptivas. Alguien pequeño con poco que perder y sí mucho que ganar, de tener éxito, puede implicarse completamente con una situación para que ésta suceda, más aún si han identificado un problema en el mercado al que le han encontrado una solución disruptiva y prometedora. Si un capitalista observa que existe una oportunidad, la puesta en marcha de esta solución se va a financiar y las estructuras y procesos organizacionales van a emerger para darle un funcionamiento eficiente. De hecho, esto fue lo que ocurrió con Netflix.

El problema entonces de una buena idea en una empresa grande es la presión interna para operar de manera eficiente para entregar más dinero al negocio cada año y al mismo intento hacerlo sin amenazar los actuales ingresos. Es decir, las organizaciones maduras buscan ganancias incrementales, de ahí que apuesten sobre todo por innovaciones incrementales. No se quiere dejar lo anterior para abrazar algo nuevo, aún si una buena idea, una gran idea, surge, faltando con esto al primer principio de poner en el centro a tus consumidores/clientes. Ello, sin contar que los responsables de algunas áreas puedan sentirse amenazados e internamente sabotear avances (incluyendo a las innovaciones incrementales). Y esto hace que no ocurra nada o, en todo caso, ocurra poco, lo que sería especialmente importante y necesario en contextos como el Latinoamericano. Para los ejecutivos responsables de la innovación en las empresas, el tema es muy difícil de abordar porque conocen los límites de la organización y hasta dónde podría ceder el directorio, de ahí que en raros casos se de una transformación verdadera. Por esto, muchas veces la innovación resulta siendo cosmética ("No pueden decir que no innovamos porque sacamos todo el tiempo cosas nuevas") porque el mindset y la intención verdadera de llevarla a cabo no está implantada, prefiriendo optar por alternativas menos riesgosas que no en todos los casos aportan valor, como la creación de apps o tratando de hacer sinergias con startups con perfil de éxito.

Y ése es el gran dilema de las empresas maduras. Todo lo que hace que sigan siendo rentables es lo que las frena o entorpece su camino para desarrollar innovaciones destinadas a realmente transformar de lleno la empresa, prefiriendo optar por las mucho más seguras innovaciones incrementales. ¿Qué tan sostenible puede ser una estrategia constante de innovación incremental? Cabe recordar su regla fundamental: “No se recomienda en escenarios donde las empresas rivales apuesten constantemente por procesos de innovación disruptiva”. Se dice que la pandemia ha acelerado al menos en 4 años la transformación digital en Latinoamérica, cambiando muchos hábitos y acercando a cada vez más gente a la tecnología, lo cual seguramente apresurará la creación de más startups en la región. Ello, sin contar que, inversionistas extranjeros (viendo ya saturado su ecosistema en sus regiones) están cada vez más dispuestos a invertir y acelerar nuevas ideas. Si el ecosistema se hace cada vez más propicio, puede que, en varios casos, la innovación incremental no de para más. La innovación es la confluencia entre el desarrollo de productos/servicios y un modelo de negocio que puedan ofrecer a los clientes un real beneficio. La cancha está cambiando y solo se mantendrán en ella aquellos jugadores que mejor anticipen el futuro y realmente quieran participar de éste.

Saludos y hasta la próxima entrada ;).

MC

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